Reseña de Farenheit 451
Contemplamos, a medio camino entre la admiración y la incredulidad, cómo algunos autores han conseguido difuminar tanto la línea que separa los mundos de la realidad y la ficción que ambas llegan a con-fundirse. Hablamos de esa facultad de tener una mirada sobre el presente capaz de permitir la predicción del futuro, del ojo del visionario, hablamos de las distopías o relatos sobre sociedades antiutópicas, a veces catalogadas como ciencia ficción.
El triángulo formado por Aldous Huxley, George Orwell y Ray Bradbury a mediados del siglo XX constituye todo un referente de lo que la sociedad humana es capaz de hacer de sí misma, cómo es capaz de transformarse en una sociedad antihumana. Un mundo feliz, 1984 y Farenheit 451 son, ahora que vemos que muchas de sus predicciones o sus prevenciones se han cumplido de una u otra manera, la demostración de que no hay nada más cercano que los contrarios.
Pero nada nace si no hay un germen, una semilla que lo propicia. Vivimos en un mundo deshumanizado que puede serlo aún más hasta llegar a ser una terrible caricatura de sí mismo. Hiperbólicas, desmesuradas, les parecerían a los lectores en el momento de su publicación los mundos que mostraban estas novelas y sin embargo muchas de las situaciones que describen están ya en nuestro tiempo y otras se vislumbran a la vuelta de la esquina.
Farenheit 451 nos habla de un mundo donde la falta de libertad llega al extremo de que los ciudadanos ni siquiera pueden pensar por sí mismos. Son manipulados desde su hogar con unas pantallas gigantes de televisión obligándoles a banalizar todo lo que accede a su cerebro, alegando que eso les da la felicidad. Sin embargo los intentos de suicidio son algo habitual, como habituales son los procedimientos de reanimación de los que lo intentan. Los libros están prohibidos, porque despiertan la individualidad y el espíritu crítico.
El protagonista es un miembro del equipo de bomberos, cuya misión no es apagar los fuegos sino provocarlos para destruir los libros que aún puedan conservarse. Este hombre de vida anodina, carente de preocupaciones y de un verdadero amor, se ve sometido de repente al contagio del pensamiento de una joven disidente. La duda comienza a romper el equilibrio en el que sustentaba su trabajo, su familia, sus amigos y acaba pasándose al otro lado de la ley, al de los salvadores de libros.
Ardua labor tratar de hacer tradición oral de la tradición escrita. Dado el caso, obligados a perpetuar un libro en la memoria, a salvarlo de la quema, ¿cuál escogeríais?
Carmen Truchado
sábado, 20 de febrero de 2016
miércoles, 4 de noviembre de 2015
RESEÑA DE LAS CALLES DE ARENA
A veces disfrazamos la
inseguridad, la soledad, la apatía, la cobardía…, con mil trajes diferentes para no
reconocernos a nosotros mismos el miedo al fracaso, posiblemente porque tampoco
nos concedemos el derecho al mismo.
A veces es la vida la que se
disfraza, la que nos ata con las mismas ataduras con que intentamos sujetarla a
ella.
A veces para llegar donde
queremos, primero tenemos que perdernos.
El valenciano Paco Roca,
ilustrador y autor de cómic de gran talla y prestigio a nivel internacional,
nos propone en Las calles de arena
estas y otras muchas razones y paradojas para reflexionar sobre la vida y la
sociedad en que vivimos.
Es un libro que contiene mucho
más de lo que a simple vista pudiera parecer. Encontramos similitudes con la
novela de Paul Auster La ciudad de cristal, de su Trilogía de
Nueva York; ambas parten de una anécdota real vivida por el autor (Paco Roca se
perdió en el casco antiguo de Valencia); ambas están llenas de referencias
literarias, algunas coincidentes, como las bíblicas al Génesis, el diluvio
universal o la Torre
de Babel; Roca bebe en las fuentes del realismo fantástico con autores como
Kafka, Borges, Cortázar, Poe, Melville…; ambas plantean el problema de la
identidad (el doble, el lado oscuro) y ambas crean en el lector una sensación
de angustia ante la deshumanización de las grandes ciudades y de la sociedad
actual.
El escenario de esta magnífica
novela gráfica es una ciudad con unas metafóricas calles sin principio ni fin
que atrapan a los personajes en una vida absurda, sin sentido, una vida de
afanes que no llevan a ninguna parte, una vida de soledad. A ese mundo de fantasía llega el hombre sin
nombre, es decir, cualquiera de nosotros.
La novela comienza cuando el protagonista
se ve obligado a elegir entre el mundo real y el imaginario. Escoge el real,
pero tal vez sin auténtico convencimiento, puesto que se aferra a una gran
figura del personaje de una serie de historietas de aventuras italianas, el
Corto Maltés, que contribuye a que se
pierda en un mundo surrealista y onírico.
Se refugia en el hotel La Torre , que recuerda la Torre de Babel de Brueghel y
que podría representar el infinito hotel del matemático David Hilbert. Las
caóticas calles y escaleras están inspiradas en los dibujos imposibles de
Escher y las Cárceles de Piranesi, como ha referido Roca en diversas
entrevistas.
En La Torre se encuentra con una
serie de inquilinos que representan la personificación de sus miedos; los
amores no correspondidos de la Srta. Esther ,
el Sr. Rueda y el Sr. Rosendo de los Vientos; la inseguridad del creador, del
coronel Francisco Piedra, la soledad de Blanca, la cartera, el miedo a la
muerte del Sr. Soto, el miedo a perder la memoria del Conde Diógenes y la
angustia que al protagonista, como al propio autor, le produce el perderse.
Pero gracias al contacto con
todos estos personajes la pesadilla se convierte en sueño, las calles dejan de
ser fantasmagóricas, inhóspitas y opresoras y se convierten en un lugar
habitable, en un hogar.
Se da en esta novela una simbiosis
perfecta entre la narración y la ilustración. Roca emplea una amplia gama de colores. Cada personaje
está representado por un color que le caracteriza y le diferencia de los otros;
los dibujos de los rostros están realizados con líneas suaves que reflejan sus
sentimientos. En cuanto a los ambientes, están dibujados con gran detallismo,
lo que contribuye a expresar la convivencia y la contradicción entre lo real y
lo fantástico.
En resumen Las calles de arena es un libro poético, por lo que tiene de
simbolismo narrativo y visual, que nos invita a realizar un viaje interior, a
reflexionar sobre nuestra propia vida, a sincerarnos con nosotros mismos y a
preguntarnos sobre la libertad de asumir un destino que nos parece inevitable o
inventar uno nuevo.
Como dice el mismo Paco Roca: “Todos
tenemos una vida que nos gustaría cambiar en cierta medida pero estamos en
pausa, esperando que ocurra algo que lo cambie”.
Carmen Truchado
viernes, 11 de septiembre de 2015
Reseña de "La ciudad de cristal"
RESEÑA DE LA CIUDAD DE
CRISTAL
La novela Ciudad
de cristal de Paul Auster se
enmarca dentro de la llamada La Trilogía de Nueva York,
tres libros cuya trama transcurre en dicha ciudad y que suponen una revisión de
la novela negra y el género detectivesco: Ciudad
de cristal (1985), Fantasmas (1986) y La
habitación cerrada (1986).
Daniel
Quinn es un poeta que, tras la muerte de su mujer e hijo, abandona la poesía y escribe
novelas policíacas bajo pseudónimo. Una noche recibe una llamada buscando a un
detective llamado Paul Auster. Seducido por la idea de encarnar a Max Work, el
personaje de sus novelas, decide hacerse pasar por Auster y se convierte en
detective, siendo su labor vigilar a un tal Peter Stillman. Este es el
argumento. Pero a partir de él empieza a construir un mundo mucho más complejo.
Fragilidad o dureza,
transparencia u opacidad, simetría, refracción. Las propiedades físicas del
cristal pueden servir para intentar entender un poco esta obra de Paul Auster.
Centros, ejes y planos de
simetría como los del cristal estructuran el escenario de la novela. La ciudad
de NY se transforma en un laberinto en el cual el lector se mueve siguiendo al
protagonista, mientras siente cómo le
envuelve una atmósfera cada vez más agobiante. Ambos se encuentran perdidos
en ese laberinto, con la sensación de que no hay nada fijo, que todo se desplaza,
todo se refleja, dejándoles desconcertados y alejándolos cada vez más de su
objetivo.
Porque la novela crea un sistema
de dualidades, de duplicidad, que nos involucra a nosotros mismos. Representa
un juego de identidades, un juego de espejos que nos hace estar en el doble plano
de la realidad y la ficción:
La novela surge a raíz de una
anécdota real: una llamada equivocada en mitad de la noche preguntando por una
agencia de detectives. Los personajes y elementos significativos de la novela
se reflejan en otros. Hay dos Peter Stillman, padre e hijo, dos libretas rojas,
tres Paul Auster si incluimos al autor de la novela, dos partes en el libro que
escribió Stillman, dos incendios, las iniciales de Don Quijote coinciden con
las de Daniel Quinn, un cambio en la persona del narrador…
Es la novela un lugar donde se ejercita
explícitamente la metaliteratura. Aparte de la gran cantidad de referencias
literarias que encierra (bíblicas, poéticas, novelísticas, cuentísticas…) y de
los simbolismos de casi todos los nombres propios, el libro es una especie de transposición,
de paralelismo de El Quijote donde cambian las coordenadas espaciotemporales y
el subgénero novelístico: de la región manchega del siglo XVII a la NY del siglo XX y de una novela
de caballerías a una policíaca, un hombre se enfrenta a los mismos devaneos
mentales con la realidad, plagada de metafóricos molinos de viento..
Al igual que Cervantes en El
Quijote, que consiguió una renovación del género, Auster
quiere tomar el género como pretexto, partir de una novela policial para tratar
luego con temas mucho más grandes, consiguiendo también acabar con bastantes de
los tópicos que lo aquejaban. Cargada de tintes surrealistas y kafkianos
envuelve al lector en un clima, una atmósfera opresiva en la que el personaje
se diluye y en la que la falta de un final concreto carece de importancia.
De Ciudad de Cristal se realizó una
excelente adaptación gráfica a manos de Paul Karasik y David Mazzuchelli que
resulta muy interesante al poner imágenes a muchos de los símbolos, situaciones
y escenarios de la novela ayudando al lector a extraer algo más del jugo de
esta obra.
Carmen Truchado.
miércoles, 17 de junio de 2015
RESEÑA DEL COLOR DE LA LECHE
RESEÑA “DEL COLOR DE LA LECHE ” DE
NELL LEYSHON
MARY Y EL DESEO.
“Yo no recordaba haber pedido ese
deseo”, confiesa Mary con el estupor con
que el mundo deja a los seres inocentes cuando descubren la triste realidad que
hay más allá de sus vidas y sus almas sencillas. El egoísmo, la maldad, la
injusticia, la golpean y despertarán en ella una rebeldía que va a marcar su
destino.
Una muchacha de quince años
cuenta su vida porque puede, porque ha aprendido a leer y escribir; ella lo ha
conseguido y no ha sido de forma gratuita. Ha conseguido un poder que otros
muchos no alcanzarán nunca y ejerce su voluntad para usarlo. Escribe porque quiere
y porque puede. Y nos habla con un lenguaje sencillo, primario. Nell Leyshon
utiliza una muy elaborada forma de simplicidad en la expresión que imita la
torpeza léxica y gramatical de la muchacha, su incultura, que sin embargo no
oculta su gran inteligencia y perspicacia.
Quiere la autora con este libro
dar voz a quienes no la tienen. Sitúa la acción en la Inglaterra de
principios del siglo XIX aunque pudiera situarse en cualquier otro tiempo y
lugar, porque lamentablemente siempre y en todas partes hay muchas voces
silenciadas.
La lectura, algo para nosotros
tan común, es una ventana al mundo, a la vida, que para muchas personas estaba
cerrada pero la escritura es mucho más, es la única posibilidad de sobrevivir a
la muerte, la única de reivindicar el derecho a ser y a que todos conozcan la
verdad de esa existencia.
Sin embargo por esa ventana Mary
no solo descubre un mundo nuevo sino también que ese mundo no es un paraíso y
que en él también reina la incomunicación, lo que la hace añorar su casa y su
familia. Frente a la hipocresía y la mentira manifiestas en la sociedad inglesa
previa a la revolución industrial, Mary muestra unos sentimientos sinceros,
siguiendo el ritmo vital de las estaciones en la naturaleza y habla con un
lenguaje libre de connotaciones en un mundo lleno de miserias físicas y
espirituales que no conoce el amor, donde solo existe la dominación de unos y la
sumisión de otros. Y aunque Mary se doblega, en el fondo es un espíritu libre
que solo espera la ocasión de alzar el vuelo. Mary es un ser marginal; es
mujer, coja y albina. Ella lo sabe y lo acepta pero en cuanto puede se rebela.
Un final duro el de esta pequeña
pero intensa novela, duro pero extrañamente esperanzado: la historia acaba en
primavera, como empezó, porque la vida sigue y el libro, que ha escrito con
gran esfuerzo, está terminado para evitar que el silencio gane la partida y para dar testimonio de su poder,
del poder de su voluntad. El sobrino de Mary, albino como ella, quiere tal vez simbolizar que los seres puros y
extraordinarios nunca dejarán de
existir.
Carmen Truchado
martes, 12 de mayo de 2015
RESEÑA DE TODAS LAS ALMAS
El último libro que leímos fue Todas las almas de Javier Marías, que no habíamos anunciado. El día 28 nos juntamos para comentarlo. Esta es la reseña .
RESEÑA DE JAVIER MARÍAS: TODAS LAS ALMAS
El tiempo es un elemento recurrente en la obra de Javier Marías. Desde la publicación de su tercera novela: El monarca del tiempo, en la que mezcló géneros literarios, ficción y realidad, tiempos diferentes y duración de los mismos… el tiempo ocupó un lugar principal en su escritura. Y empezó a crear un escenario o un universo por el que se van a mover determinados personajes que irán apareciendo en otras novelas posteriores.
Todas las almas, como el resto de sus obras, refleja el perpetuo contraste entre realidad , apariencia y memoria.
Su sexta novela es un libro que de alguna forma trata de la memoria, del tiempo pasado, del transcurso del tiempo: “Dos de los tres han muerto desde que me fui de Oxford…” es el arranque de la novela en la que mezcla elementos reales con otros inventados, pero que el lector llega a creer pensando que son autobiográficos.
En efecto, algunas alusiones tienen una correspondencia con la realidad, por ejemplo su estancia como profesor durante dos cursos en Oxford, en la “casa piramidal” porque cada piso era más estrecho que el anterior, hasta el último donde había un dormitorio y nada más. Algún personaje al que se creía imaginario resulta ser real pues se aportan fotografías como prueba de su existencia.
Más importante que el argumento es sostener una trama de ficciones en un escenario real pero con constantes divagaciones, observaciones, apuntes, intuiciones, obsesiones, esperanzas, desencantos porque Javier Marías piensa lo mismo que Sterne, el autor de “Tristram Shandy”: que la digresión es el alma de un texto.
Las reflexiones sobre las bolsas de basura, los mendigos, las comilonas, las librerías de viejo, el adulterio, la muerte… continuamente salpicadas de incisos, ese aparente andarse por las ramas, relacionando unas cosas con otras en principio alejadas, es en realidad adentrarse en el fondo, en el recuerdo, en el meollo del contar.
Todas esas digresiones dificultan la lectura y hacen que los lectores se dividan en dos grupos: los seguidores a ultranza del escritor, que las ven como un enriquecimiento de la novela y los que le reprochan que complique el hilo de la narración con ellas. De cualquier modo no deja indiferente a nadie.
Juan C. García y Carmen T.
lunes, 9 de marzo de 2015
Maldito Karma
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